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No resultó fácil el viaje por tierras etíopes. Varios incidentes nos mantuvieron en vilo, con los ojos bien abiertos ante cualquier indicio de problemas; algunos de estos percances no pudimos esquivarlos. Una escaramuza entre tropas militares y civiles en una localidad cercana al valle del Omo nos obligó a pasar unas noches más en el lugar. Escuchamos tiros entre un bando y otro. El eco de los silbidos de las balas salidas de los rifles, así como fuertes y desolados gritos rompían la tranquilidad de la tarde. Gracias a Tafari, mi guía y conductor durante el viaje, supimos que la población reclamaba los pozos para el suministro de agua que el gobierno regional le había prometido hace unos años.
Tafari llevaba conmigo desde el inicio del viaje por tierras etíopes. Era alto, delgado pero de fuerte complexión; con unos ojos prominentes como globos de color negro. Su piel mulata y en su rostro llevaba marcadas algunas señales que le hacían tener un aspecto singular y una edad indefinida. Como no hablaba español, nos comunicábamos en inglés. En honor a la verdad mi inglés era pobre, de andar por casa, por lo que, en alguna que otra ocasión, resultaba difícil entendernos.
Vimos, desde la puerta principal del campamento, cómo grupos de civiles -entre ellos mujeres y algún que otro adolescente- corrían de un lado a otro de la explanada. Unos cuantos de ellos llevaban rifles kaláshnikov.
Una patrulla militar — comandada por un teniente de baja estatura, algo regordete y con un bigote que le tapaba la comisura superior del labio— entró en el campamento de tiendas donde estábamos alojados. Algunos de los soldados se encontraban levemente heridos, bien por quemazón de balas que rozaron su piel, bien por los espinos de los arbustos que se clavaban en sus cuerpos y rostros como si fueran alfileres.
Por suerte no hubo muertos en ninguno de los bandos. La calma y la paz regresaron al anochecer. Los civiles marcharon a sus chozas a dormir. En cambio, los militares se quedaron vigilantes durante la noche ante cualquier indicio de lucha.
A pesar de este incidente -al que más adelante se sumarían otros-, continuamos el viaje con la esperanza de no vivir más episodios como los de aquellos días.