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Un hombre con la cruz al hombro. -Viernes Santo en Triana-.
La muerte es una antigua luz de ramas ya secas. Es aquel rostro
herido de mi padre por el fuego nocturno
de una hoguera, un pasillo sin final. La afonía
de las llamas andando por sus ojos;
una sombra fraguada, en las paredes,
a golpe de martillo
y clavo. El humo blanco
de su cuerpo volando por las calles
de Triana, a ras de suelo.
El sol de sus cenizas
dejándome sin habla.